El director de orquesta Pablo Heras-Casado está empeñado en demostrar que la música clásica también puede ser un planazo

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El director de orquesta Pablo Heras-Casado está empeñado en demostrar que la música clásica también puede ser un planazo

Enumerar las orquestas que ha dirigido Pablo Heras-Casado, o los premios y reconocimientos que ha obtenido, además de no resultar demasiado ameno, podría entrar en contradicción con uno de sus objetivos declarados: convencer al común de los mortales de que un concierto de música clásica es un plan tan entretenido como cualquier otro. Parece creíble en alguien como este granadino de 38 años, que ha roto todos los estereotipos de un mundo que muchos se imaginan de esmoquin.
La conversación con quien es ya uno de los directores de orquesta contemporáneos más importantes transcurre entre cañas y croquetas al lado del Teatro Real de Madrid, donde el pasado día 3 ofreció un concierto solidario a favor de Ayuda en Acción y estos días dirige (hasta el 13 de marzo) una innovadora versión operística de El Público, de Federico García Lorca.

Hasta la partitura más intimista tiene que conectar con la sensualidad, lo sensorial, con cosas humanas y que no sea algo puramente intelectual.

El otro día, al acabar el concierto de Ayuda en Acción y la Quinta Sinfonía de Beethoven, oí a alguien decir: “Si esto tiene más marcha que muchos grupos indies actuales”.
Claro. Los músicos, los directores, tenemos que hacer que la música, me da igual si se llama Beethoven, clásica, indie, funky o lo que sea, sea algo que esté vivo, que resulte apasionante, que se haga con convicción y con entrega. Y con esas premisas, hagas lo que hagas, mueve y conmueve. Y algo como una sinfonía de Beethoven, que puede parecer un plan un tanto conservador, resulta emocionante y divertido, no solo como una vivencia interior, sino también de ver y experimentar.

¿Cómo se consigue eso? ¿Es parte de su mérito?
En este caso, Beethoven lo tiene ya, esa energía y esa fuerza la tiene la obra. Pero con una partitura que fuera más intimista también se podría hacer: tiene que conectar con la sensualidad, lo sensorial, con cosas humanas y que no sea algo puramente intelectual.

En Wikipedia se dice de usted que su carrera “comprende una gama inusualmente amplia de repertorios”. ¿Qué quiere decir eso?
En general, un músico, por razones personales, de preferencia, de talento, se decanta hacia un tipo de repertorio: música romántica, francesa del siglo XIX, barroca, contemporánea… Y yo lo hago todo.

Para un director, ¿dirigir satisface su inquietud musical? ¿Componer es otra cosa?
Para mí es diferente. Yo no compongo y no siento la necesidad. Yo sé que mi papel y donde yo puedo realmente decir algo es recreando, metiéndome en la piel de un compositor e intentando darle vida a todo eso que piensa, más que yo crear un nuevo lenguaje.

Yo no compongo y no siento la necesidad. Yo sé que mi papel y donde yo puedo realmente decir algo es recreando, metiéndome en la piel de un compositor e intentando darle vida a todo eso que piensa

Para hacer eso, ¿tiene uno que saber en qué circunstancias crearon esos compositores, cómo eran…?
Tienes que saber de todo, todo lo que sepas es poco para darle vida a una obra determinada: historia, contexto social, contexto artístico, estilo de esa época, de ese compositor, qué motivó a ese compositor a escribir…

A pesar de esa amplitud de repertorios de que hablábamos, si tuviera que elegir una pieza que tocaría siempre, porque la domina, porque es su favorita…
No puedo, no.

¿Ni siquiera autor?
Ni siquiera autor. Además es que evito a toda costa eso. Me he pasado toda la vida intentando que todo me interese, que todo me guste, todo lo que hago. No quiero elegir.

Cuando llega a casa, en un momento de ocio, ¿escucha música clásica?
No, generalmente no pongo nada. No oigo nada. No necesito estar con música, ni pongo la tele tampoco. Estar en silencio en casa y, si hay alguien, conversar.

No debe ser fácil enfrentarse cada día a una orquesta diferente, llena de egos y talentos musicales, con recelos quizás a alguien joven como usted. ¿Cómo se gestiona eso?
Cuando te pones delante de personas, a partir de que haya más de dos, ya hay diferencias de opiniones. Lo que tienes que hacer es intentar respetar y coordinar a todo el mundo desde la honestidad, la humidad y también desde el rigor. Ser riguroso, hacer tu trabajo, estar comprometido y preparado al máximo, y que esos sean los términos del diálogo.

¿Y cómo se gestionan los viajes, el estrés, hacer mil kilómetros en avión para llegar, ensayar, dirigir e irse a hacer otros tantos kilómetros para hacer lo mismo en otro sitio?
Es una vida dura. Llega a ser a veces extenuante, atravesar cuatro veces el Atlántico en poco más de una semana para dirigir, hacer prensa, volver… Pero si todo eso se hace con un impulso, un objetivo, un motivo muy fuerte, la cabeza y el corazón tiran del cuerpo.

¿Hay algún aspecto que no sea musical en el que también se prepare un director, físico, por ejemplo?
Por supuesto hay mucha preparación humana, haber vivido y pasado muchas, muchas horas con grupos humanos, saber gestionar grupos, individuos… A lo largo de un mes, debo gestionar cinco o seis equipos diferentes, en países diferentes. Y luego además tienes que ser un humanista, porque no se trata solo de música y dirección de orquesta, se trata de humanidades. No puedes dirigir una ópera sin conocer el contexto, tienes que saber de artes plásticas, de literatura, cómo afrontar un texto poético en una ópera, cierta experiencia e investigación visual… Y físicamente hay que estar también muy preparado para afrontar esos ritmos.

Llevando una vida de cierta exclusividad, ¿tiene miedo de alejarse de la situación cotidiana, de la crisis que nos rodea por ejemplo?
Tengo la suerte de tener los pies muy en el suelo, de tener la familia que tengo, de venir de donde vengo y de haber estado siempre muy ligado a mi entorno, a mi ciudad, a mi familia. Tengo familiares en paro, amigos que después de 30 años trabajando se han ido al paro, tengo una familia de recursos muy humildes… Nada de eso me es raro ni lejano ni por supuesto indiferente.

No puedes dirigir una ópera sin conocer el contexto, tienes que saber de artes plásticas, de literatura, cómo afrontar un texto poético en una ópera, cierta experiencia e investigación visual…

¿Sabe que en muchos titulares aparece como “el novio de Anne Igartiburu”? ¿Cómo lo llevas?
No me interesa.

Hablando de otra relación, en este caso con la firma de relojes Piaget, de la que es amigo. ¿Cómo surgió?
De una forma casual, porque me conocieron a través de otra persona y se acercaron y me hablaron. Sabían que me gustaban los relojes y un tipo de reloj muy sencillo, así que me hablaron de este reloj, se llama Altiplano, y me ofrecieron colaborar.

¿Qué papel juega grabar discos para un director de orquesta? ¿Es un complemento, una forma de ganarse la vida?
Grabar discos hoy día no tiene nada que ver con ganarse la vida. Antiguamente sí, había unos royalties muy importantes, pero hoy en día no se gana nada, ni un director de orquesta ni un grupo de rock, salvo Madonna, Beyoncé y cuatro más, que venden a esa escala millonaria. Hoy en día es sobre todo una manera de ampliar tu audiencia. Para mí, grabar un disco es contar y comunicar lo que yo hago a una audiencia global, crear algo que dure en el tiempo también. Y para mí ser artista de las, a mi parecer, dos casas de discos más importantes, Deutsche Grammophon y Harmonia Mundi, es un privilegio inmenso.

Grabar discos hoy día no tiene nada que ver con ganarse la vida. Es sobre todo una manera de ampliar tu audiencia

El rumor de que puede ser el próximo director de la Filarmónica de Nueva York, de confirmarse, puede ser la forma definitiva de asentarte.
Bueno, es un rumor muy bonito. Nueva York es la ciudad en la que más tiempo paso ahora mismo, tengo allí mi orquesta también, la de St. Luke’s, y dirijo en el Metropolitan cada año. He dirigido la Filarmónica de Nueva York y es un honor que se hable de esa posibilidad.
Fuente: elpais.com
Entrevista realizada por Juan Mayoral, Madrid 9 de marzo de 2015



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